La premisa básica de la
disciplina consiste en desalentar el comportamiento no deseado y estimular el
esperado. Los siguientes aspectos sobre la disciplina en niños están basados en
las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría (Gómez, 2002).
A partir de los 6
meses de vida:
En los
primeros 6 meses de vida del niño, se afrontan ciertos conflictos distrayendo
al bebé con juguetes y actividades alternativas. Las técnicas de disciplina
estándar son efectivas al aumentar su capacidad retentiva. A partir de los 7
meses se utilizan otros métodos para eliminar la conducta no deseada; la
educación se imparte sin “mano dura”. Es importante reforzar cada proceso
deseado y conservar las recompensas en momentos poco apropiados. Además, se
deben fijar límites claros y ayudar a la comprensión exacta de qué está
realizando mal cuando desobedece una regla; siempre evitando mensajes confusos
para el niño, ya que no se lograrán resultados adecuados.
A partir de
los 9 a 12 meses, los niños quieren explorar y manipular todo lo que está a su
alrededor. Por lo que, aprender a no realizar una actividad que les gusta es un
paso hacia el autocontrol. La consistencia es fundamental para mejorar la
eficiencia disciplinaria. Todas las personas involucradas con el niño deben
saber qué puede y qué no puede hacer. Es adecuado guiar y enseñar, pero no se
debe forzar hacia una actitud exactamente del modo que se quiere.
A partir de los 2 años:
A los 2 años
de edad, los niños no tienen un concepto claro sobre lo “bueno” y “malo”, y no
entienden ciertas reglas y advertencias. Muchas reglas pueden carecen de sentido o no
son lo suficientemente claras para los niños. Muchas personas y padres de familia
relacionan a la disciplina con el castigo, pero es importante considerar que es
mucho más importante el amor, paciencia y compresnisón. Querer al niño y velar
por su integridad física y bienestar, constituyen el núcleo de una relación y
desempeñan un papel fundamental en la regulación de su comportamiento.
El ejemplo
diario de los padres, sobre amor, respeto, honestidad, responsabilidad y
confianza, genera un buen ejemplo a seguir, y además ayuda a crear un modelo de
comportamiento y disciplina, mientras el niño va creciendo. El ejemplo diario
de los padres, también facilita a que el
niño pueda distinguir entre el bien y el mal.
Se debe
enseñar al niño qué se espera de él, no basta decirlo una sola vez, ya que debe
aprender por ensayo y error, para poder similar la regla establecida. Si se le
exige demasiado desde muy temprana edad, va a estar resentido, dolido, agobiado
y abrumado. Es indispensable proporcionar un ambiente agradable entre padres e
hijo, establecer prioridades y definir reglas poco a poco. Por otro lado, para
evitar actitudes no deseadas, es recomendable vigilar el estado de estrés del
niño, es decir, cuando está cansado, hambriento, enfermo o en un lugar
desconocido. Si el niño desobedece reglas básicas, se debe mostrar
desaprobación, indicar qué fue lo que estuvo mal, siempre estableciendo un
mensaje claro y conciso hacia el niño.
Entre los 2 y
3 años, el niño aún protesta y hace rabietas, que generalmente son impulsivas,
no planea hacerlo ni puede evitarlo. De forma consciente o inconsciente actúa
de esta forma para conocer sus propios límites y los de sus padres. Las estrategias
para fijar e impartir restricciones pueden llegar a ser personales, pero se
debe considerar que el castigo sólo enseña el tipo de comportamiento que es
inaceptable, pero no cuál es el aceptable. Los niños sometidos a una disciplina
rígida o maltratados por sus padres están en riesgo de presentar un
comportamiento agresivo a largo plazo. Por último, si la disciplina de los
padres es autoritaria, se puede perder el amor de los hijos, ya que no se puede
amar lo que se teme.
A partir de los 4 años en adelante:
Un niño de 4
años, aún no sabe dominar sus deseos de desafiar a la autoridad; por lo tanto,
es posible que desobedezca con intención ciertas reglas familiares, como
contestar, gritar, etc. A menudo se puede portar mal únicamente por fastidiar,
lo cual rara vez indica un trastorno emocional. El niño debe conocer qué
comportamiento es aceptable y cuál no lo es, y la única forma de lograrlo es
estableciendo límites razonables. Es fundamental corregir la mala conducta al intervenir
de forma inmediata y consistente, nunca esperar y dejar que el niño olvide lo
sucedido, ya que no entenderá qué fue lo que hizo mal y cómo debe comportarse.
Ana Karina Borja
Referencias:
Gómez, U., Cruz, G., Zaguilán, M., Aquino, E., & Galavíz, J. (2002, julio). La disciplina en niños. (Spanish). Revista Mexicana De Puericultura Y Pediatria, 10(54), 202.
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